Moneda de oro de 8 mm. y 8,6 gramos de peso. Acuñada a nombre de Alejandro Magno a título póstumo en Magnesia ad Meandrum durante el reinado de Filipo III de Macedonia (323-319 a. C.). En el anverso vemos a Atenea con un casco Corinto adornado con una serpiente. En el anverso vemos una nike estante con una corona de laurel en la mano derecha y en la mano izquierda un estandarte naval (mástil), a la derecha se lee la leyenda vertical AΛEΞANΔPOY. También abajo a la derecha vemos una pequeña cornucopia.

 

 

La moneda es un invento reciente, cuesta pensar en que hubiese un tiempo anterior al que los banqueros lo controlaban todo con su mala ostia. Aunque la mala ostia ya estuviese allí, en el capital y su control encontró la manera de manipular el mundo. De todos modos, no son los desmanes de la banca el objetivo de mi disertación.

En un principio no existía la moneda y para comerciar se usaba el trueque. En el trueque se intercambian dos mercancías de igual valor o una cantidad tal de una que equivale al valor de la otra. Según nos cuenta el gran historiador griego Heródoto (484-425 a. C.) consistía en que los propietarios de una determinada mercancía desembarcaban en un puerto, descargaban la misma de sus naves y acto seguido volvían a sus barcos donde elevaban una columna de humo que indicaba sus intenciones de comerciar. Entonces, los locales examinaban la mercancía expuesta y depositaban lo que ellos tenían para intercambiar. Los mercaderes volvían a desembarcar de sus naves y valoraban la oferta: si estaban de acuerdo, aceptaban; si no les parecía bien, esperaban otra oferta.

Esta era la llave de la economía entonces. Economía viene del griego, oikos (casa) y némo(administrar). Claro, que este sistema era bastante engorroso. En primer lugar era difícil determinar el valor exacto de los productos y no siempre una de las partes tenía algo que la otra deseaba.

Se procedió entonces a buscar un producto de referencia. Los latinos (o sea, la Antigua Roma) lo medían todo con cabezas de buey. De esta manera la palabra pecus (ganado) se hizo sinónimo de riqueza y de ahí nuestra palabra "pecunia" que según la RAE

(Del lat. pecunĭa).

1. f. coloq. Moneda o dinero.

De igual manera la palabra latina capita que hacía referencia a la cabeza y por ende a las cabezas de ganado es el origen de nuestra palabra capital. Renta per capita, lo que se obtiene por cabeza... De esta época es también la palabra stipendium, madre de nuestro actual estipendio. Hasta el siglo IV a. C. Roma había sido como cualquier otra ciudad de Italia, no tenía legiones (sí, hubo un tiempo en que Roma no tenía legiones). Sus soldados no eran legionarios sino hoplitas imitando el modelo griego y el modelo de combate era la falange, también de origen griego. También, exactamente igual que en Grecia los hoplitas eran gente que se costeaban su propio material, por tanto, gente acaudalada, o por lo menos con un cierto poder adquisitivo. Esos eran los que se consideraban ciudadanos, gente que tenía propiedades y que podía costearse el material. Repartir leña por medio mundo era entonces una ocupación a tiempo parcial que los romanos llevaban a cabo solo en verano cuando no había labores agrícolas que atender y sólo contra ciudades cercanas en pequeñas incursiones como era la costumbre de la época. Sin embargo, en el año 387 o 390 a. C. (el año no está claro) los galos invadieron la península itálica y tras la batalla de Alia saquean Roma. El precio por retirarse fueron 1.000 libras de oro (unos 327 Kg.). Cuando los romanos se quejaron porque los galos estaban usando una balanza trucada el líder de los galos, Breno depositó su espada en la balanza desequilibrándola aún más a su favor diciendo "Vae victis" (¡Ay de los vencidos!) que viene a dar a entender que los vencedores pueden hacer lo que quieran. Existe una cita posterior de Julio Cesar que dice: "Es ley natural de la guerra que los vencedores dispongan de los vencidos como deseen." Sin embargo, se supone que tras las palabras de Breno llegó el héroe Furio Camilo al mando de un ejército que derrotó a los galos diciendo "Non aurum, sed ferro, recuperanda est patriae" (No es el oro, sino el acero, lo que recupera la patria). Aunque esto último se sospecha que no es más que una leyenda para paliar la humillación sufrida.

Breno depositando su espada sobre la balanza.

Estos hechos clamaban venganza, y entonces el repartir leña por medio mundo se convirtió en un trabajo a tiempo completo para los romanos pues este episodio fue lo que activó su política expansionista. Las campañas comenzaron a ser más largas y en territorios más distantes por lo que se introdujo el stipendium, que era una pequeña compensación económica que se daba para ayudar a los soldados más pobres a costear el equipo.

Unido al ejército romano también surgió la palabra salarium que dió lugar a nuestro actual salario. La sal era muy apreciada pues quitaba el sabor amargo a los alimentos y daba sabor, permitía conservar los mismos y servía para tratar heridas como desinfectante. De esta manera al parte de la paga del ejército consistía en bolsas de sal.

A continuación, los romanos se decidieron por usar barras de cobre con animales u objetos grabados que representaban su valor. Esta idea no era nueva pues asirios y babilonios en el 3.000 a. C. ya habían usado barras de metales como plata u oro. El inconveniente existente era que para asegurarse cada mercader debía tasar la pureza del metal y determinar la equivalencia entre cada metal.

Finalmente los lidios, un pueblo de la actual costa meridional de Turquía dieron con la solución perfecta en el siglo VII a. C. La primera moneda se llamó electro y era una mezcla de oro y plata. Era la solución perfecta ya que era fácil de transportar, almacenar y siempre pesaba lo mismo con lo que su valor era siempre el mismo. El peso y calidad de la moneda quedaba certificado por unos símbolos grabados que solían ser objetos mitológicos o representaban la ciudad emisora. De nuevo es Heródoto quien nos cuenta tales hechos.

Decía el mismo Aristóteles que la moneda surgió de la necesidad de igualdad y justicia social ya que en griego moneda se dice nomísima, que deriva de nomós que significa ley. Las monedas de entonces eran acuñadas por cada polis lo que demuestra que su creación estaba orientada al comercio interno. Las monedas se creaban en talleres llamados cecas en los que el metal se fundía y se vertía en un recipiente plano con arena, a continuación se aplastaba con un martillo lo que le daba su forma de disco.

Con Alejandro Magno se creó una moneda uniforme para todas las ciudades de Grecia y los territorios de Oriente que conquistó. Impuso un diseño común en cuyo anverso figuraba Heracles y en el reverso Zeus. Esta moneda recibió el nombre de tetradracma. A su muerte, sin embargo, Ptolomeo, uno de sus generales mandó que a partir de entonces las monedas se acuñasen con el rostro de Alejandro para perpetuar su recuerdo. Hasta entonces la efigie de ningún mortal había figurado en una moneda.

En Roma la moneda adquirió sus nombre pues los romanos la bautizaron con uno de los epítetos de la diosa Juno, moneta (la que avisa) pues justamente, cuando los galos saquearon Roma como ya comenté más arriba la única parte que no fue saqueada fue el capitolio que resistió porque las ocas del templo de Juno comenzaron a graznar alertando a los romanos de esa zona. De esta manera la moneda recibió tal apodo cuando se construyó la ceca de la ciudad al lado de dicho templo. La primera moneda acuñada recibió el nombre de aes (as). Posteriormente fue sustituida por el denarius (que contiene diez) o denario de donde deriva nuestra palabra "dinero". La palabra denarius significa "que contiene diez" porque un denario eqivalía a diez ases. Del denario también derivó el dínar que circula o ha circulado por países como Túnez, Argelia, Macedonia, Serbia o Jordania. El denarius fue sustituido por el solidius durante el Bajo Imperio, del solidius deriva nuestra actual palabra "sueldo".

Por último el origen de la palabra "subasta" también queda explicado en sus orígenes latinos. Con frecuencia, en las transacciones que se efectuaban con solidius se clavaba una lanza en el suelo. La lanza era símbolo de propiedad, de ahí la expresión sub hasta vendere que significa "vender bajo la lanza".

La última modificación que sufrió la moneda ocurrió en el siglo I a. C. cuando Julio Cesar convenció al Senado de que se permitiese la acuñación de monedas con su efigie. Era la primera vez que se acuñaban monedas con el retrato de un personaje vivo. Evidentemente, el genial general y político romano supo apreciar su valor propagandístico.

A partir de entonces la moneda sufrió muy pocas variaciones llegando prácticamente inalterada a nuestros días.

Ceterum censeo Carthaginem esse delendam.