Siempre me ha parecido curioso cuando dos personajes históricos se encuentran y más si los dos o ninguno sabe quien es el otro o no le ha reconocido. Debe ser porque principalmente devoro memorias, autobiografías o biografías de personajes. Es cosa harto curiosa, y hasta divertida (sí, unos se chutan anfetas para divertirse y a mí me gustan estas cosas) que después de haberte leído las memorias de Rommel y hable de sus discusiones con Rundstedt luego en las memorias de Rundstedt este habla de sus discusiones con Rommel. Es una sensación muy grata reconocer a la persona de la que se habla cuando el autor dice que "en X sitio me encontré con un tipo bajo que me dijo..." y de repente piensas "Ahhhh, coñeeee. A que es este tipo..." antes de que diga quién es el otro y luego, en efecto sea esa persona.
En este caso voy a hablar del encuentro histórico de Horatio Nelson con Arthur Welsley, posteriormente Arthur Wellesley, más conocido como el Duque de Wellington, el duque de hierro.
Retrato de Horatio Nelson por Lemuel Francis Abbot de 76,2 x 63,5 cm. El cuadro está expuesto en la National Maritime Museum de Greenwich, Londres.
Retrato de El duque de Wellington por Francisco de Goya en tabla de 1,64 x 0.52 cm en la National Gallery, Londres
Dicho encuentro lo he visto recogido en la obra "Trafalgar. The Biography of a Battle" de Roy Adkins y en "Wellington, the Iron Duke" de Richard Holmes. La primera obra es un excelente trabajo sobre no sólo la batalla de Trafalgar sino también sobre los contendientes, las implicaciones de la batalla, el trasfondo y los personajes que participaron en ella. Es además muy destacable que a pesar de ser un autor angloparlante y del monolingüismo al que tiende la Historia militar y a que esos autores tiendan a tratar las guerras napoleónicas como un conflicto anglo-francés este no es el caso. Otorga toda la importancia que merece a la flota española y de hecho, la reconoce como superior a la francesa, aunque luego como es natural da más importancia a las consecuencias que habría tenido una victoria para la parte francesa que a las consecuencias para los españoles. A Napoleón la destrucción de la flota inglesa le habría permitido una invasión de las Islas británicas alterando totalmente el curso de los acontecimientos. Recordemos que los ingleses fueron los instigadores de TODAS las coaliciones contra la Francia revolucionaria y la Francia napoleónica, de las cuales dos eventualmente tuvieron éxito. De esta manera Napoleón habría cortado de raíz el origen de sus problemas. A los españoles no les habría servido más que como una cuestión de orgullo y prestigio nacional. Además, el índice onomástico es una delicia por su detalle y precisión, prácticamente es una obra en sí mismo.
La segunda obra...la segunda obra en cambio no es más que un relato de la vida del Duque narrado por su hagiógrafo personal para mayor gloria y fama de Wellesley y saciar las ansias de alabar por parte del autor. Además, el índice onomástico no sirve mas que para confundir, pues no tiene sentido indicar dónde se trata qué tema si el mismo cambia de lugar con la traducción. Todas las decisiones del Duque quedan mitificadas. Las buenas ensalzadas a la cumbre de la excelencia y las malas disculpadas con ligereza y candidez pasmosa, y posteriormente evaluadas también como correctas. Los datos poco convenientes son ignorados o no se toman en consideración. Uno no debe mirar con una ciega devoción a los personajes históricos que admira. No puedo considerar como un gran general o comandante a un hombre que se distingue únicamente por sus cualidades defensivas. Wellington era capaz de arrebatar la iniciativa con sus enconadas defensas (más bien llevaba la situación a un punto muerto), pero luego no hacía uso de la misma lo que equivale a no tenerla. Más bien lo que conseguía era que la iniciativa fuese de nadie, pues nunca se atrevía a asestar o siquiera intentar un golpe definitivo. La batalla de Stalingrado (1942-1943) fue un gran éxito para los soviéticos porque fueron capaces de conducir una heróica defensa y a continuación pasar a la ofensiva cuando la iniciativa alcanzó ese punto muerto de "ni pa` tí ni pa`mí". Si por lo menos fuese como Aníbal que era un excelente táctico pero un mal estratega (ganó las batallas pero perdió la guerra) del que su lugarteniente Maharbal dijo:
"Verdaderamente, los dioses no han querido dar todas las virtudes a la misma persona. Sabes sin duda, Aníbal, cómo vencer, pero no sabes cómo hacer uso de tu victoria"
Pero el problema es que ni eso, Wellington no era más que un táctico mediocre o si se me apura ligeramente superior a la media.
Las victorias de Nelson en cambio, tuvieron un muy palpable efecto estratégico, siendo de hecho las mayores victorias inglesas en la contienda. En el aspecto naval fue el Imperio Británico el que derrotó a Napoleón. En la guerra en el continente por mucho que los autores anglosajones digan lo contrario el peso recayó sobre Austria, Prusia, Rusia y en menor medida España (y también Portugal del que siempre se olvidan los españoles) que tuvo en realidad el papel de "desangrar" a Francia.
"Aquella desafortunada guerra fue mi ruina. Dividió mis recursos, me obligó a multiplicar esfuerzos y provocó que se sacudiesen mis principios [...] destruyó mi poder moral sobre Europa, fue la causa de un embarazoso sonrojo y supuso la apertura de una escuela para los soldados ingleses."
Haythornthwaite, Philip J., "That unlucky war: some aspects of the French experience in the Peninsula", citado en Flecher, Ian (ed.), "The Peninsular War", Staplehurst, p.31.
Dijo Napoleón de la guerra en la Península Ibérica.
Resulta irónico que además, la posterior victoria de Nelson en Trafalgar fue la que permitió que Wellington desarrollase todas sus operaciones en continente europeo, ya fuese en la Península o en Waterloo (de cuyos mitos y falacias ya hablaré otro día). El mismo Duque dijo:
"si alguien desea saber la historia de esta guerra, le diré que s nuestra superioridad marítima la que me otorga el poder de mantener mi ejército mientras mi enemigo carece de la posibilidad de hacerlo."
Woodman, R., 2001, "The Victory of Seapower: Winning the Napoleonic War 1806-1814, Londres
Finalmente y ya sin más dilación presento el encuentro tal y como aparecen en ambas obras.
"El día 12 de septiembre de 1805 Arthur visitó a Lord Castlereagh, un político oriundo de Dublín y viejo conocido de su pasado irlandés, en la Oficina Colonial en Downing Street. Castlereagh había recibido recientemente el cargo de secretario de Estado para la Guerra y las Colonias, un departamento que dirigió desde 1805 a 1806 y otra vez desde 1807 a 1809; ambos períodos fueron cruciales para la carrera de Wellesley. Se encontró esperando en el recibidor del gabinete de Castlereagh junto a un oficial de marina de corta estatura a quien "por ser manco y poseer una gran afición a la pintura", inmediatamente reconoció como Horacio Nelson. El almirante no tenía la menor idea de quién era aquel joven general. "Entabló conversación conmigo -explica Arthur-, si se puede llamar así, pues casi todo el tiempo habló él y, además, acerca de sí mismo, en un tono, por cierto, tan vanidoso y estúpido que llegó a sorprenderme y, casi, a disgustarme." Nelson dejó la sala y regresó unos minutos después; para entonces ya sabía quién era Wellesley, y se comportó de un modo totalmente distinto:
[...] con gran sensatez, y buen conocimiento de los asuntos de Estado, tanto en las cuestiones concernientes al Ministerio del Interior como al de Asuntos Exteriores, me sorprendió gratamente, y me resultó más amena que la primera parte de la entrevista que habíamos mantenido. En realidad, hablaba como un oficial y estadista, [...] No sé si alguna vez he participado en una conversación que me haya interesado más.
Más tarde dejaría constancia de que "si el secretario de Estado hubiese sido puntual, y hubiese recibido a lord Nelson durante el primer cuarto de hora, habría tenido la misma imagen de personaje frívolo y trivial que mucha gente tenía de él [...]". Nelson partió para embarcarse en el HMS Victory y zarpar hacia la batalla de Trafalgar. Nunca volverían a encontrarse."
De esta manera aparece descrito el evento en "Wellington, Iron Duke" de Richard Holmes. A continuación el episodio narrado en "Trafalgar. The Biography of a Battle" de Roy Adkins:
"En público, Nelson cultivaba un personaje estudiado para ensalzar su celebridad, pero detrás de esta fachada, el hombre real era muy diferente, tal como comprobó asombrado Sir Arthur Wellesley (quien más tarde se convertiría en el duque de Wellington) en la única ocasión en que los dos militares se encontraron. Mientras éste esperaba en la antesala de la Oficina Colonial de Downing Street, el día antes de que Nelson zarpara rumbo a su destino final en Trafalgar, Wellesley encontró
a un caballero, a quien, por la similitud con las imágenes y la falta de un brazo, reconocí de inmediato como Lord Nelson. Él no podía saber quién era yo, pero en seguida entró en conversación conmigo, si es que puedo llamar a eso una conversación, porque era todo de su lado y todo acerca de él, y realmente en un estilo tan vano y tan tonto como para sorprenderme y casi desagradarme. Supongo que algo que dije al azar tal vez le haya hecho adivinar que yo era alguien, y salió entonces de la sala un segundo, no tengo ninguna duda de que para preguntar al ujier de la oficina quién era yo, porque cuando volvió era por completo un hombre distinto, tanto en el modo como en el tema. Todo lo que yo había considerado un estilo de charlatán había desaparecido, y habló del estado de su país y de la apariencia y las perspectivas de los asuntos en el continente con buen criterio y un conocimiento de temas tanto internos como externos que me sorprendió tanto, aunque más agradablemente, como me había sorprendido la primera parte de nuestro encuentro: de hecho, hablaba como un oficial y un estadista. El secretario de Estado nos hizo esperar un largo rato y, por cierto, durante la última media hora o cuarenta y cinco minutos, no creo que haya tenido alguna vez una conversación que me haya interesado más. Ahora bien, si el secretario de Estado hubiese sido puntual, y recibido a Lord Nelson en el primer cuarto de hora, yo habría tenido la misma impresión de un personaje superficial y trivial que otra gente ha recibido, pero afortunadamente vi lo suficiente como para convencerme de que era realmente un hombre muy superior; pero sin duda jamás vi una metamorfosis más repentina o total.
Nelson también era un realista, que adoptaba el punto de vista de que "es mucho mejor (para un oficial) servir a un país ingrato que renunciar a su propia fama. La posteridad le hará justicia.""
Ceterum censeo Carthaginem esse delendam.


Está claro que toda interpretación depende del ángulo desde el que se observe la escena. Coincido en la imagen de Nelson como estratega. La batalla de Trafalgar le permitió hacer gala de ello. Fuimos utilizados por Francia y no supimos reaccionar a tiempo ante un ataque "estratégico" en perpendicular que logró separar nuestros navíos (la flota hispano-francesa era superior en número de naves..). 1805 de nefasto recuerdo.
En verdad, Nelson fue un gran comandante, y sus victorias en el Nilo y Trafalgar creo que fueron las que más hicieron por el Imperio Británico. Aunque debo señalar que la maniobra de Nelson entra más dentro de la táctica que de la estrategia. La estrategia sería que con la destrucción de la flota franco-española desaparecía la sombra de una invasión y la táctica el cómo se hizo (las maniobras de los barcos). Todo buen comandante tiene un buen equilibrio entre táctico y estratega. Quizás deba hacer una entrada explicando el nivel táctico, operacional y estratégico porque luego es muy útil para entender ciertas cosas. Además del error de no reaccionar (Villeneuve no es que tuviese mucha iniciativa aunque es muy fácil criticarle ahora cuando todo el mundo lo hace), las naves del comienzo de la línea dieron la vuelta muy tarde. Más naves en la flota hispano-francesa sí, pero de tripulaciones peor entrenadas y motivadas, y las naves inglesas se concentraron en el punto decisivo que es uno de los principios básicos de la guerra. La flota franco-española tenía más barcos, pero si los tienes a 10km viendo la batalla no te sirven de nada, necesitas que entren en contacto. Mmmm, nueva idea acerca de escribir sobre la batalla de Trafalgar, aunque ya veré si dura, no quiero resultar muy técnico.
Yo más bien diría siglo de nefasto recuerdo, los franceses nos utilizaron, pero eso era mejor que el subnormal de Fernando VII. Soy de la opinión de que ojalá nos hubiesen invadido bien inavadidos los franceses y nos hubiesen civilizado un poco. Suena descabellado, pero piense en lo bien que vino a Hispania la invasión de Roma. Potencias de primer orden como Prusia o Inglaterra comprendo que se resistiesen a los franceses, pero nosotros... Los oficiales de marina hacía tiempo que no cobraban su sueldo, y las reparaciones de la misma flota en Cádiz corrió de sus bolsillos.
Totalmente de acuerdo.